
La educación de nuestros niños, niñas y jóvenes es una tarea compartida entre la familia y el colegio. Cada encuentro entre padres, madres, apoderados y docentes constituye una valiosa oportunidad para fortalecer la confianza, el diálogo y el compromiso con un propósito común: favorecer el bienestar, la formación integral y el desarrollo de nuestros estudiantes.
En este contexto, y en concordancia con la Ley N.° 21.643, conocida como Ley Karin, reafirmamos nuestro compromiso con la promoción de relaciones basadas en el respeto, el buen trato y la sana convivencia, previniendo toda forma de violencia o vulneración de la dignidad de las personas. En el ámbito educativo, ello implica reconocer que docentes, asistentes de la educación, estudiantes, familias y todos quienes integran nuestra comunidad tienen el derecho y la responsabilidad de desenvolverse en un ambiente seguro, respetuoso y libre de agresiones, amenazas, descalificaciones o cualquier conducta que afecte la convivencia.
Como comunidad educativa, invitamos a que toda inquietud, diferencia o situación que requiera atención sea canalizada siempre mediante el diálogo constructivo y los conductos institucionales establecidos. La escucha activa, la empatía y el respeto mutuo son herramientas fundamentales para resolver los desafíos que puedan surgir en la vida escolar.
Educar también significa dar ejemplo. Cada conversación respetuosa, cada gesto de consideración y cada actitud de colaboración enseñan a nuestros hijos e hijas que los desacuerdos pueden abordarse con serenidad, responsabilidad y apertura al diálogo.
Construyamos juntos una comunidad donde el respeto sea el lenguaje cotidiano, el buen trato fortalezca los vínculos y el trabajo colaborativo permita ofrecer a nuestros estudiantes el ambiente de aprendizaje que merecen. Porque cuando los adultos actuamos con respeto y coherencia, no solo fortalecemos nuestra convivencia, sino que también formamos personas capaces de construir una sociedad más humana, fraterna, responsable y solidaria.
Material, cortesía de María Soublette Cruz, Psicóloga.
